La poeta y activista defendió el descanso y el bienestar personal no como un lujo, sino como una estrategia fundamental de combate contra la opresión.
EXTREMADURA – En un contexto donde el ritmo de vida actual a menudo prioriza la productividad constante, la figura de Audre Lorde (1934-1992) emerge como un referente imprescindible para entender el autocuidado desde una perspectiva radical y feminista. Lorde, quien se definió a sí misma como poeta, lesbiana y feminista negra, sentó las bases de una lucha que hoy, décadas después, sigue más vigente que nunca.


La supervivencia como acto político
Mucho antes de que el concepto de autocuidado se convirtiera en una tendencia de mercado, Lorde ya advertía sobre la necesidad vital de preservar la propia integridad en un sistema hostil. Su frase más emblemática resume esta postura: “Cuidarme a mí misma no es un acto de indulgencia, es un acto de supervivencia política».
Para la activista, el bienestar no era un capricho individualista, sino una herramienta necesaria para enfrentar a un mundo que, en sus palabras, «nos quiere agotadas». Mientras el sistema capitalista exigía una producción incesante, Lorde anteponía la calma y el tiempo propio como pilares de la resistencia.
El descanso: un arma de futuro
La visión de Lorde transformó los afectos y el descanso en verdaderas estrategias de combate. Al reivindicar el derecho a la pausa («primero descanso, luego te destruyo»), Lorde dotó al movimiento feminista de una nueva dimensión: la de la sostenibilidad de la lucha a largo plazo.
Su legado la posiciona como una «vaga mítica» que logró convertir el descanso en un «arma cargada de futuro», recordando que para transformar la sociedad es imprescindible, primero, asegurar la propia existencia y salud.




