La religiosa portuguesa del siglo XVII transformó la espera y la introspección en una de las declaraciones amorosas más intensas de la historia.


EXTREMADURA – Mariana Alcoforado (1640-1723), monja portuguesa célebre por las Cartas de la monja portuguesa, representa una forma única de resistencia basada en la serenidad y la profundidad de los sentimientos. Su legado demuestra que la intensidad emocional no requiere de las prisas del mundo exterior para ser trascendental.
El deseo como un «terremoto» silencioso
En una época marcada por la estricta obediencia y la disciplina del convento, Alcoforado optó por un camino de rebeldía interna. Mientras las normas exigían sumisión, ella se dedicó a:
- Sentir y pensar despacio: Priorizó la reflexión profunda sobre la actividad impuesta.
- Escribir sin plazos: Sus cartas no buscaban cumplir con ninguna exigencia externa, sino evitar «morirse de amor».
- Expresar el deseo: Puso en palabras una pasión que resultó ser un auténtico «terremoto» para su tiempo.
El amor a ritmo de siesta
La filosofía de Alcoforado rechazaba la urgencia de perseguir a otros; para ella, el amor requería pausa. Su postura vital quedaba resumida en la idea de que, si alguien busca amor, debe ser capaz de esperar a que termine una frase o incluso una siesta. Esta manera de entender las relaciones puso el foco en el ritmo propio y la calma.
Una «vaga mítica» de la literatura
El documento la destaca como una «vaga mítica» por su capacidad de convertir la pausa en pasión y la lentitud en literatura eterna. Su obra ha resistido el paso de los siglos precisamente porque nació de un tiempo propio y no de la necesidad de cumplir con ritmos ajenos.





