La poeta madrileña reivindicó la vida lenta, el juego y el humor como herramientas para combatir la solemnidad y defender el pensamiento feminista.
EXTREMADURA – La figura de Gloria Fuertes (1917-1998) sigue siendo un referente de resistencia frente a las imposiciones de la prisa y la rigidez académica. Definida como una auténtica «obrera de las palabras», Fuertes destacó por una trayectoria que, bajo una apariencia de sencillez, escondía un profundo compromiso social y personal.
Un feminismo envuelto en humor
Lejos de los grandes discursos solemnes, la poeta prefirió siempre la cercanía de un bar o la espontaneidad de un poema absurdo antes que la rigidez de las instituciones académicas. Sus textos, que incluyen chistes, cuentos y poemas, funcionaban como «puñetazos feministas» sutilmente envueltos en humor, demostrando que la crítica social no está reñida con la risa.
El derecho a la «vida lenta»
La vida de Gloria Fuertes fue un alegato constante a favor de la calma y el disfrute del tiempo propio. Entre sus principales convicciones destacaban:
- Militancia por el juego: Defendió el juego y la risa como formas de habitar el mundo.
- Rechazo a la prisa: Nunca fue esclava de la urgencia, priorizando el mirar y el sentir.
- Escritura por deseo: Escribía porque le apetecía y no por obligación o compromiso externo.
Poesía para «vaguear con causa»
Considerada una «vaga mítica», Fuertes demostró que la poesía es una herramienta válida para defender la vida lenta. Con su estilo único, probó que la revolución también puede rimar y que el simple acto de negarse a las prisas del sistema es, en sí mismo, un acto de resistencia.







